Conflictos escolares

Las aulas, el patio de recreo y el centro educativo en general puede ser el escenario de maravillosos momentos. También puede ser el marco de discusiones y hostilidades debido a diferentes criterios. Por ello, debemos afrontar los conflictos que se presentan en la etapa escolar como una oportunidad de aprender a vivir en un clima de convivencia.

 

 

El centro escolar y la convivencia

El centro escolar es un lugar donde confluyen un grupo de adultos junto con otro grupo más numeroso formado por los alumnos. Ambos están abocados a vivir en convivencia, puesto que gran parte de su jornada se desarrolla en un escenario compartido y donde se van a generar vínculos positivos, pero también negativos que provocarán conflictos.

Estos conflictos no se producen de forma generalizada en todas las aulas, pero sí son reales. Y cuando hay conflictividad en un aula, la actividad instructora que en ella se lleva a cabo se ve afectada. Por lo tanto, es necesario atender este tipo de necesidades para reestablecer una convivencia sana y pacífica en las aulas. Para ello recurrimos a las expertas Rosario Ortega y Rosario del Rey, quienes se dedican desde hace años al desarrollo de líneas de trabajo de intervención e investigación para la prevención de la violencia y la mejora del clima social de la convivencia escolar.

¿Cómo podemos darle respuesta a la violencia escolar?

Según las expertas, la prevención de los conflictos escolares es la mejor de las soluciones. Se trata de mejorar la convivencia a través del trabajo cooperativo donde el pensamiento, la responsabilidad y el esfuerzo es individual, pero se construye y se alcanza el éxito grupalmente basándonos en el diálogo y la escucha.

Los conflictos se producen cuando los intereses de varias personas entran en confrontación. Es necesario aprovechar la etapa educativa para desarrollar la capacidad de dialogar y valorar los argumentos de los demás, aunque estos no los compartamos.

A continuación, os dejamos una infografía con las fases que indican Ortega y Del Rey (2008) para diseñar un proyecto de convivencia. No se trata de una receta rápida, sino de planificar el plan de acción evitando no dejar nada bajo la improvisación.

 

 

FASE 1: Análisis del contexto y evaluación previa de necesidades

Antes de realizar una intervención educativa es necesario:

  • Conocer las características sociales, culturales y psicológicas de los alumnos.
  • Saber si se han llevado a cabo intervenciones el centro en la misma línea y si han funcionado.
  • Explorar la naturaleza del conflicto escolar.

Estos datos servirán de punto de partida.

FASE 2: Comprender la situación y priorizar la intervención.

En esta fase detectamos cuáles son los procesos más globales y los más urgentes. Se puede hacer una lista de puntos fuertes y débiles de nuestra convivencia para decidir sobre qué puntos vamos a actuar y priorizar.

FASE 3: Planificación y diseño de las acciones que hay que desarrollar.

Son varias las líneas que se pueden desarrollar, sin embargo, nosotros nos centraremos en diseñar una línea de trabajo en grupo cooperativo, para el que se deben de tener en cuenta las siguientes premisas:

  • Hacer conscientes a los alumnos e que los resultados a través del trabajo cooperativo son más ricos.
  • Confrontar las ideas argumentando y justificando racionalmente nuestro punto de vista.
  • Todos tenemos algo valioso que aportar al grupo.
  • Desarrollar la reflexión y el pensamiento crítico para que aprendan a pensar por sí mismos y a participar en democracia.
  • Favorecer la mejora de las relaciones interpersonales y el afecto mutuo.

FASE 4: El desarrollo de las actividades y la secuenciación de las mismas.

  • Preparar las actividades y materiales.
  • Decidir quién va a ser la persona que desarrolle las actividades.
  • Actividades diseñadas por los participantes.
  • Anotar los incidentes y las estrategias que se han utilizado para solventarlos.
  • “Exploración en proceso”: Reflexionar a mitad del proceso de intervención sobre lo que estamos haciendo.

FASE 5: Evaluar como un proceso de reflexión crítica que estimule el progreso.

  • Investigación-acción: evaluar al principio del proceso, en la intervención y valorar los posibles cambios que haya provocado la intervención.
  • Posibles instrumentos: cuestionarios finales con campos de información idénticos al de la evaluación inicial, o cuadernos de campo.

FASE 6: Elaboración de un informe y publicación de la experiencia.

Al publicar vamos a reconocer públicamente el esfuerzo de todas las personas que se han visto involucradas en el proyecto, y, además, podemos seguir progresando mediante las opiniones y las críticas de otros.

 

Por último, las autoras sugieren que los docentes desarrollen una educación emocional para poder distinguir qué situaciones de las que se dan en el aula pueden controlar y en cuáles necesitan ayuda externa. En otras ocasiones será necesario pedir ayuda a una tercera persona para resolver el conflicto.

Espero que este post haya sido un argumento más para dejar de lado las prácticas educativas competitivas y haya supuesto una iniciación para el diseño y desarrollo de planes de convivencia escolar.

Pilar Navío.
Psicopedagoga. Especialista en NEE.
2018-05-11T08:49:24+00:00