¿Cómo conseguimos modificar la conducta humana? Edward Thorndike (1874-1949) diría que a través de Ley del efecto: Algunos eventos o estímulos que suceden inmediatamente después de las respuestas conllevan un incremento o una disminución de la probabilidad de que esa respuesta se vuelva a repetir en función de si el evento es reforzador o aversivo.

Los eventos reforzadores, o también denominados refuerzos, tienen un papel imprescindible en las terapias de corriente Cognitivo-Conductual, puesto que mediante su aplicación se promueve el aprendizaje de nuevas conductas.

 

Tipos de reforzadores

Los refuerzos o reforzadores pueden ser de dos tipos:

  • Refuerzo positivo: la presencia inmediatamente después de un evento o estímulo después de una conducta, incrementa la frecuencia de aparición de dicha conducta en el futuro.
  • Refuerzo negativo: la desaparición de un estímulo aversivo inmediatamente después de una conducta, incrementa la frecuencia de aparición de dicha conducta en el futuro.

Según el origen de su valor reforzante distinguimos la siguiente clasificación:

  • Primarios: su valor reforzante no es resultado de aprendizajes previos, sino que satisface necesidades biológicas. Entre los más característicos encontramos la comida o la bebida.
  • Secundarios: su valor reforzante es fruto del aprendizaje, como el dinero o la recompensa social.

 

Los refuerzos alimenticios: Elección y procedimiento

La elección de los reforzadores es la principal dificultad de esta técnica, ya que los reforzadores no son universales, cambian de un sujeto a otro y por momentos. Identificamos los reforzadores mediante entrevistas al propio sujeto o a personas relacionadas con él, a través de la observación o mediante inventarios de refuerzos, se describen los eventos potencialmente reforzantes (Inventario de refuerzos para niños – IRN de Cautela y Kastenbaum, 1967).

En muchas ocasiones nos encontramos en la tesitura de que los reforzadores alimenticios identificados se traducen en alimentos con escaso nivel nutritivo y con alto contenido en azúcares y grasas, como chucherías, patatas fritas o refrescos. ¿Qué hacemos en estos casos?

1. Establecer un acuerdo entre familia y terapeuta.

Debe haber conformidad con las técnicas operantes para la modificación de conductas.

 

2. El sujeto solo puede recibir el reforzador en terapia.

El entorno del sujeto debe estar al corriente de que privar al sujeto de los reforzadores programados. Solo puede tener acceso al reforzador cuando emita la conducta y de la forma en la que está programada bajo criterio del terapeuta.

 

3. Controlar las porciones de los alimentos.

Es muy aconsejable que se establezca un control de la cantidad máxima de alimento que los sujetos ingerirán a modo de reforzador de su conducta. No conviene abusar con las cantidades de los alimentos por varias razones.

En primer lugar, cualquier reforzador deja de ser útil en momentos de saciedad, por lo que es necesario establecer cuál será la porción adecuada para cada sujeto.

Por otro lado, no incurrir en la promoción de malos hábitos alimenticios, valorando la información nutricional del alimento y fragmentando la cantidad de ingesta máxima recomendada. A modo ilustrativo, la cantidad acordada como máxima es un vaso de zumo y la porción por cada vez que actúe de reforzador será un sorbo de 5 segundos con pajita, la cual nos permite controlar la cantidad de ingesta ejerciendo presión en ella para taponarla si es mayor al tiempo acordado.

 

4. Controlar el número de veces que se proporcionará el alimento.

Si el alimento que actúa como reforzador de la conducta está dentro de los alimentos de consumo infrecuente podemos aplicar un programa de refuerzo parcial.

A diferencia del refuerzo continuo, en el que se administra el refuerzo siempre que el sujeto emite la conducta deseada, en el refuerzo parcial solo administraremos el reforzador de vez en cuando. El refuerzo parcial puede ser de:

  • Intervalo fijo: se refuerza solo cuando un tiempo determinado desde la última presentación del refuerzo con un intervalo constante, por ejemplo, diez minutos.
  • Intervalo variable: el intervalo temporal no es constante sino variable, por ejemplo, una vez cada diez minutos, otra cada cinco, otra cada siete, etc.
  • Razón fija: se refuerza solo cuando el sujeto realice un número determinado de veces la conducta, por ejemplo, cada 5 veces.
  • Razón variable: se refuerza solo cuando el sujeto realice un número variable de conductas, por ejemplo, una vez cada cinco conductas, a veces cada dos, otras cada cuatro, etc.

Al comienzo de un programa de reforzamiento es necesario reforzar siempre que se emita la conducta y espaciar progresivamente la emisión del reforzador hasta que la conducta se consolide, por lo que los reforzadores alimenticios no son aconsejables hasta que el programa no haya avanzado. 

 

5. Priorizar otro tipo de reforzadores primarios sociales.

Si en la elección del reforzador primario no han aparecido refuerzos con valor alimenticio se valorará el empleo de otros reforzadores sociales, como la atención sistemática, los elogios o alabanzas. Si no es suficiente, buscaremos otros reforzadores secundarios, como el dinero, actividades recreativas, juguetes, etc.

 

6. Combinar con otros reforzadores.

El uso simultáneo de reforzadores resulta más efectivo que si se emplea solo un reforzador o de un tipo.

 

7. Desarrollar técnicas de autocontrol.

Cuando se trata de reforzadores alimenticios, se deben desarrollar técnicas de autocontrol, puesto que pueden aflorar conductas impulsivas. La autogestión permite al sujeto adaptarse al medio que le rodea, mantener la conducta y pensamientos a pesar de las circunstancias.

Pilar Navío.
Psicopedagoga. Especialista en NEE.